jueves, 7 de febrero de 2013

Envidia


A la gente envidiosa le va mal precisamente por eso, por ser envidiosa. Esa persona que está más pendiente de tu cosecha que de la propia. Que vive pendiente dónde compras las semillas, cómo trabajas la tierra para que sea fértil, qué abono usas, cuánta agua gastas para preparar el terreno. Todavía que tú dijeras: bueno, está mirando para ver cómo se hace; pero, no… su única razón para invertir todo ese tiempo en ti, es criticarte.

Se escudan en esa actitud diciendo que unos tienen más suerte que otros. ¡Qué equivocados están! A todos se nos presentan oportunidades, a TODOS. La única diferencia es que un envidioso está más pendiente de lo que pasa en la vida de los demás y por eso descuidan la propia. Tal vez se le advirtió que vendría un vendaval y arrancaría su cosecha, pero estaba distraído criticándote a tus espaldas. Porque esa es otra cosa: no tienen las bolas para decirte las cosas de frente.

Para mí la envidia es mucho peor que el mismo odio. La envidia, al igual que el odio, es un sentimiento que te va comiendo por dentro poco a poco y sin que te des cuenta. Vamos a poner como ejemplo un cáncer, que es una enfermedad silenciosa y a veces cuando te das cuenta ya hizo metástasis y está afectando otros órganos… y, de repente, te mata.

Además, la envidia es una clara declaración de inferioridad. ¿Por qué envidiar a los demás si esforzándote podrías lograr lo mismo o, quién sabe, quizás hasta hacerlo mejor? En definitiva, ¡ocúpate de tu vida y haz tu mejor esfuerzo en lograr lo que quieres! Haz las cosas bien, sin mirar a los demás. A fin de cuentas, lo único que hace falta para despertar la envidia en alguien más es tener una sonrisa en la cara, aún cuando la vida te esté cayendo a patadas.


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